El objetivo ambiental en el Plan Nacional de Desarrollo
Por: Dr. Ricardo V. Santes Álvarez
A fines de febrero el gobierno federal remitió a la Cámara de Diputados el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 (PND). El plan se estructura con cuatro ejes generales (Gobernanza con justicia, Desarrollo con bienestar, Economía moral y trabajo, y Desarrollo sustentable) y tres ejes transversales (Igualdad de género, Innovación tecnológica y Derechos de comunidades indígenas). Enfatiza la inversión en salud, educación, vivienda y energía limpia, así como la reducción de la pobreza y la desigualdad. Destaca también el deseo de posicionar a México como potencia tecnológica y económica hacia 2030 mediante creación de infraestructura, digitalización y rutas de sostenibilidad.
Como interesado en la temática ambiental, en cada PND reavivo la esperanza de que se traten con suficiencia temas como agua, aire, suelo, residuos peligrosos, biodiversidad, y recursos forestales. Una revisión al nuevo PND revela que en el eje Desarrollo Sustentable aborda la transición a energías limpias, la gestión integral del agua (acceso universal por vía de modernización de infraestructuras e implementación de proyectos de reciclamiento) y la economía circular para reducir residuos sólidos. Para la calidad del aire, propone desarrollar programas en ciudades con alta contaminación (en Nuevo León y la Ciudad de México, por ejemplo). En cuanto a biodiversidad y recursos forestales, anuncia su protección mediante restauración de ecosistemas, reforestación, y conservación de cuencas hidrológicas.
En apariencia, el PND equilibra el crecimiento económico con el cuidado ambiental, pues en tanto prioriza metas económicas, aumento de inversión y creación de empleos en sectores estratégicos, promueve la transición a energías limpias, manejo eficiente del recurso hídrico, reforestación y reducción de emisiones contaminantes. Da la impresión de que anda a la búsqueda de un modelo de mejora sostenible y resiliente, que se alinee con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero en realidad este documento rector otorga mayor importancia al crecimiento, al juzgarlo como detonante del desarrollo. Esto se evidencia en sus objetivos económicos, como establecer metas específicas para colocar a México entre las 10 economías mayores, elevar la inversión respecto al PIB por encima del 28%, y crear 1.5 millones de empleos en sectores estratégicos. Asimismo, en el énfasis que prodiga a inversiones en infraestructura (expansión de red ferroviaria, incremento de 22 mil megavatios de generación de energía eléctrica) para impulsar la productividad y la competitividad.
Se aprecia una importancia menor del objetivo de protección y mantenimiento de la naturaleza, reflejado en una perspectiva subordinada; es decir, que objetivos como resguardo de ecosistemas, manejo del agua y transición energética se subsumen a la esfera económica. Abundando, en cuanto a “energía limpia” pese a promoverse un ideal de 45% para el año 2030, lo cierto es que tal meta está concebida para apoyar el crecimiento. El PND defiende una visión pragmática donde el interés económico es principal, mientras que la sostenibilidad ambiental acaso sea una plataforma para garantizar la viabilidad a largo plazo. Y diga si no es así cuando el referente es el Plan México, un instrumento que, al margen de sus bondades para el progreso nacional, responde a las amenazas arancelarias del empresario que gobierna Estados Unidos.